Las gomas de mascar nos revelan como era la vida en el mesolítico

El sonido de una banda de patos llamó su atención. Miró hacia la pendiente, en dirección a la playa, plana y luminosa. El mar de fondo con su soledad, contenido por una línea de dunas. Lejos, se veía una espesa cortina de agua que amenazaba el mar del Norte. Dejó en el suelo los huesos del pato que se estaba comiendo y buscó en un cuenco una pequeña masa negra que se introdujo en la boca. 

La mascó durante un buen rato, sin dar descanso a su mandíbula bajo la piel morena, hasta que se la sacó de la boca. La masa, elástica y pegajosa, la insertó entre la vara de madera y la punta de piedra cortada. Cuando se endureciese la goma, la flecha quedaría bien sujeta. Cogió un poco más de esa sustancia negruzca hecha de resina de corteza de abedul y volvió a mascarla. Necesitaban más flechas, se pierden muchas durante una cacería. 

Un nuevo sonido la alertó. No era otro grupo de patos, esta vez era un hombre, uno de ellos que desde más arriba le indicaba la cortina de agua que se acercaba. Lo miró. Miró con sus ojos azules la tormenta que se aproximaba desde el mar. Se levantó y recogió las flechas que había estado preparando. Las sujetó contra su pecho mientras el viento le arrojaba sus pelos castaños sobre la cara. El hombre seguía haciéndole gestos. Vamos. Escupió la goma que estaba mascando y salió corriendo hacia él.

5.700 años más tarde, un grupo de arqueólogos del Museo Llolland-Falster, encontrará la resina en la localidad costera de Syltholm, en la isla danesa de Lolland. Estaba tan sólo dos metros por debajo del suelo. Es un elemento diminuto, apenas tres centímetros de largo por uno de ancho. Rígido, parece una piedra, pero no lo es, el material tiene las muescas de la persona que la masticó. Sólo nos queda eso de aquella persona, un chicle neolítico endurecido, con sus dientes marcados. Pero ahí, en las marcas hay algo más. De la goma puede extraerse el ADN de quien la estaba mascando. No sólo su ADN, sino el de las bacterias de su boca y el de los últimos alimentos que tomó. A través de la goma de mascar podemos reconstruir la vida de entonces.

El ADN antiguo nos descubre una nueva prehistoria

La habilidad de los científicos para recuperar ADN antiguo está revolucionando nuestra visión de la prehistoria. Ya no sólo podemos reconstruir nuestro pasado a partir de los restos arqueológicos, sino que podemos con su ADN aprender sobre su aspecto, sus condiciones de vida y su salud. Lo único que necesitamos es un material que conserve el ADN sin que se degrade. El ADN antiguo recuperado de huesos y dientes ha cambiado nuestra manera de estudiar y entender la prehistoria, pero muchas culturas no daban sepultura a sus muertos y apenas han dejados restos físicos que analizar. La goma de mascar  a base de resina puede cubrir estos vacíos de material. Son un material muy bueno como acaba de demostrar un estudio publicado en bioRxiv.

En algunos yacimientos europeos son abundantes las gomas hechas a partir de resina de corteza de abedul. La sustancia contiene componentes antisépticos. Sus compuestos son anti-bacterianos, anti-virales y anti-inflamatorios, por lo que algunos científicos han propuesto que las podrían mascar para tratar infecciones. Pero, más allá de sus posibles usos medicinales, lo que sí se sabe seguro, es que se usaban para enganchar elementos. Se ha encontrado sujetando las puntas de las flechas al astil, y sujetando el filo de un cuchillo al mango. Pero lo más interesante es aquello que guarda y no se ve, pero que una vez descifrado nos revela cosas hasta hace poco impensables.

Søren Sørensen, del Museo Lolland-Falster, comenta que la información que han obtenido de la goma de mascar «es como estar cara a cara con un individuo de la edad de piedra». Tanto han podido visualizar a aquella persona de la que no tienen más evidencia que el ADN, que la han bautizado. Se llama Lola, por habitar la isla de Lolland. Con el ADN han averiguado que era una mujer. Que era de tez oscura, pelo castaño y ojos azules. Aspecto que coincide con el de los restos de La Braña y el hombre de Cheddar. Su genoma indica que pertenecía al grupo de cazadores-recolectores europeos del Oeste, aquellos que se expandieron desde la península Ibérica y lo que hoy es Luxemburgo, hacia el norte cuando se retiraron los hielos de Europa.

Se cree que entonces Escandinavia fue colonizada por dos grupos diferentes. Uno de ellos era el grupo de los cazadores-recolectores del Este. Provenían de las tierras de Rusia y Estonia, llegaron a la península Escandinava por el norte y fueron bajando por sus tierras (Fig. 1). El otro, fue el grupo de los cazadores-recolectores del Oeste, que alcanzaron Escandinavia desde el sur y fueron subiendo. En algún punto ambos grupos se encontraron y se mezclaron. El hallazgo de la mujer, y su pertenencia genética al grupo del Oeste, sostiene la hipótesis de que estos alcanzaron las tierras nórdicas desde el sur. 

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Fig. 1. Representación de una escena de caza de renos durante el Mesolítico en el norte de Europa. Ilustración de Caselli, G., 1985: The Everyday Life of an Ice Age Hunter, Macdonald & Co

Pero la calidad del ADN obtenido era tan buena, que no sólo han podido ver cual era su aspecto físico, sino también su sistema inmune. Y han descubierto que la mujer era intolerante a la lactosa, algo se que se cree que era común entre los cazadores-recolectores, pues la tolerancia a la lactosa resultó una ventaja para los pueblos agrícolas y ganaderos una vez aprendieron a domesticar animales. Pero la resina no sólo guardaba ADN de la mujer que la mascó. Los investigadores han podido estudiar sus bacterias bucales, y ha resultado ser bastante similar a la que encontraríamos en cualquiera de nosotros, difiriendo en un par de bacterias. La comunidad bacteriana parece indicar que aquellas poblaciones se encontraban en un momento de transición. Un cambio de dieta, pasando de una dieta rica en carnes, propia de unos cazadores, a una rica en carbohidratos, más común entre los agricultores del Neolítico.

La mujer pertenecía a un grupo que estaba en plena transición neolítica. De hecho, a poca distancia, se han encontrado restos de animales domesticados que tienen 6.000 años de antigüedad, la misma, incluso más antiguos, que los de la mujer. Pero en sus genes no hay rastros de esos pobladores que llegaron de otras zonas de Oriente Medio y Europa con plantas y animales domesticados. Es posible, que aún conviviendo relativamente próximos, un grupo del otro, durante un tiempo cazadores-recolectores y agricultores-ganaderos, no se mezclasen entre ellos.

Y entre la resina mascada también se han encontrado fragmentos de ADN de lo último que comió la mujer antes de meterse la goma en la boca. Comió ánade real (Anas platyrhynchos) y anguila europea (Anguilla anguilla). Aunque hubiese agricultores en la zona, su dieta, y los restos de patos acumulados en el yacimiento, sugieren que seguían explotando los recursos marinos de la costa. «Es increíble –dice Sørensen–, sé lo que comió, qué color de ojos tenía, de qué color era su pelo». «No sólo profundizas en su genética sino en su vida», añade Hannes Schroeder, otro de los autores del estudio. Junto con el ADN de los animales, han encontrado ADN de plantas de las que se alimentó Lola antes de abandonar la goma mascada donde la han encontrado.

«No sólo profundizas en su genética sino en su vida»

Unos días antes de este trabajo, un equipo de investigadores suecos había publicado, también en bioRxiv, como habían extraído ADN de tres gomas de mascar en el yacimiento de Huseby Klev, al oeste de Suecia. Encontraron los perfiles de tres personas: dos mujeres y un hombre. El yacimiento tiene 10.000 años de antigüedad y en él se han encontrado muchos utensilios de piedras talladas junto a las gomas de resina, lo que sugiere que se trataba de un lugar de producción.

Pero más allá de la información genética, estos pequeños elementos están dando pistas sobre la cultura y su comportamiento. Que sea un lugar de producción de herramientas implica que mujeres y hombres trabajaban juntos en su elaboración. También los niños jugaban un papel participativo en aquellos grupos, pues se han encontrado marcas de dentadura de un niño pequeño. ¿Trabajaban junto a los adultos o se entretenían mascando la resina como hacemos hoy con los chicles?

Todavía no sabemos cómo producían exactamente la goma de corteza de los abedules sin cerámica (Fig. 2). Ni si la usaban para entretenerse, como medicina o para fabricar herramientas. Posiblemente para todo ello. Pero sí sabemos, que gracias a las nuevas técnicas genéticas, estos pequeños artefactos pueden resultar muy útiles para reconstruir un período de nuestra historia del que tenemos poco material.

 


Lecturas complementarias:

Brace S, Diekmann Y. Booth TJ. […] Bames I. 2018. Population replacement in Early Neolithic Britain. bioRxiv 18-2-2018 doi: 10.1101/267443

Günther T, Malmström H, Svensson EM. […] Jakobsson M. 2018. Population genomics of Mesolithic Scandinavia: Investigating early postglacial migration routes and high-latitude adaptation. PlosBiology 16: e2003703

Jensen TZT, Niemann J, Højholt Iversen K, Fotakis AK, […] Schroeder H. 2018. Stone Age “chewing gum” yields 5,700 year-old human genome and oral microbiome. bioRxiv 13-12-2018 doi: 10.1101/493882

Kashuba N, Kirdök E, Damlien H, Manninen MA, Nordqvist B, Persson P, Götherström A. 2018. Ancient DNA from chewing gums connects material culture and genetics of Mesolithic hunter-gatherers in Scandinavia. bioRxiv 3-12-2018 doi: 10.1101/485045

Kozowyk PRB, Soressi M, Pomstra D, Langejans GHJ. 2017. Experimental method for the Paleolithic dry distillation of birch bark: implications for the origin and development of Neandertal adhesive technology. Scientific Reports 7: 8033

Olalde I, Allentoft ME, Sánchez-Quinto F. […] Lalueza-Fox C. 2014. Derived immune and ancestral pigmentation alleles in a 7,000 years old Mesolithic European. Nature 507: 225–228

Skoglund P, Mathieson I. 2018. Ancient genomics of modern humans: the first decade. Annual Review of Genomics and Human Genetics 19: 381–404

Quillen EE, Norton HL, Parra EJ. […] Jablonski NG. 2018. Shades of complexity: new perspectives on the evolution and genetic architecture of human skin. American Journal of Physical Anthropology  2018: 1–23

Yang MA, Fu Q. 2018. Insights into Modern Human Prehistory using ancient genomes. Trend in Genetics 34: 184–196

 

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