La peste lleva infectando humanos desde el Neolítico

«Nadie lloraba por los muertos, pues todo el mundo esperaba la muerte», escribió un cronista a principios del siglo XIV. Una tarde de octubre de 1347, doce galeras genovesas tocaron puerto en la ciudad siciliana de Messina. Provenían de Oriente y traían una tripulación diezmada por la peste. No les dieron permiso para atracar. Recogieron el ancla y marcharon a otro puerto. Nuevo rechazo y otro puerto. De puerto en puerto fueron contaminando toda Sicilia y las islas griegas. Tampoco Génova, su ciudad de origen, les dejó desembarcar, así que tomaron rumbo a Marsella.

En noviembre de 1348 atracaron en su puerto, desde allí, la peste se expandió al interior, matando a mitad de la población de Provenza. Avanzó hasta Venecia, donde cada día ocasionaba 600 muertes. En los meses de noviembre y diciembre, en París se contabilizaban 800 muertos diarios. Utilizando los cauces de los ríos, la peste se difundió por toda Europa, desde Sevilla hasta Bergen. «Dios, por los pecados del hombre, ha dado al mundo este gran castigo de muerte súbita. Por él, la mayoría de nuestros conciudadanos han fallecido», lamentó el rey Magnus Eriksson de Suecia, donde la peste mató a la mitad de su población. En Lübeck parece que sólo sobrevivió una de cada veinte personas.

En unos meses la plaga había llegado a toda Europa, su origen se atribuía a la mítica Tierra de la Oscuridad, un área indefinida en el Cáucaso bañada por el mar Negro. El historiador árabe, Ibn al-Wardï, murió de peste en Aleppo en 1349 tras un viaje a Crimea, atribuyendo el inicio del contagio a la Tierra de la Oscuridad. Desde ahí, en Cafa o Teodosia, la enfermedad se dispersó con los mercaderes de pieles por todo el continente.   

«Desde el 2 de febrero hasta el 2 de abril de 1349, más de 2.000 cadáveres fueron enterrados en un sólo cementerio» relató un cronista londinense. El obispo de Londres, Ralph Stratford, concedió tierras para dar sepulcro a las víctimas. En menos de dos años entre 40.000 y 100.000 personas fallecieron en sus inmediaciones.

A finales de los 1980s los arqueólogos excavaron, en East Smithfield, uno de esos cementerios. Allí encontraron unos 2.400 cuerpos apilados, con monedas y otros utensilios de la época que permitió a los arqueólogos reconstruir la vida durante la plaga. Pero otros científicos aprovecharon aquella oportunidad.

¿Qué causó la muerte de un tercio de la población en menos de 5 años?

Un siglo antes, en 1894, el médico franco-suizo, Alexandre Yersin, sugirió que el patógeno de la peste declarada en Manchuria era una bacteria. Junto a Kitasato Shibasaburo demostraron que el bacilo estaba presente en las ratas y los humanos. Ese año, los dos autores, publicaron artículos en revistas médicas describiendo la bacteria. Hoy la conocemos con el nombre de Yersinia pestis en su honor (Fig. 1). Pero muchos historiadores y especialistas en la peste negra no creyeron que la bacteria fuese la causa. Se planteaba que la bacteria pasaba de las ratas a los hombres a través de las pulgas de las ratas. Los expertos cuestionaban que la transmisión por pulgas hubiese podido ser tan rápida. Apenas unos meses. Además meses fríos de invierno. Meses al que las pulgas no podrían haber vivido según los críticos. La bacteria como causa de la peste quedó entredicho, a pesar de cada vez aparecían nuevos estudios estableciendo la relación.

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Fig. 1. El doctor Kitasato Shibasaburo, Alexandre Yersin y una imagen de la época de las bacterias descritas por ambos.

En el año 2000, más de un siglo después de los estudios de Yersin y Shibasaburo, el equipo del francés Didier Raoult aseguró haber podido recuperar ADN de la bacteria Yersinia pestis de una fosa medieval de Montpellier. Parecía la prueba irrefutable, el ADN de la bacteria había aparecido en los huesos de personas que habían muerto de peste. Pero no fue así.

Se desconfió de las pruebas de ADN de Didier Raoult alegando que el resultado podía ser consecuencia de una contaminación de las muestras. ¿Cómo podía estar seguro que el ADN de la bacteria secuenciado era la causa de la enfermedad y no una más de las bacterias del suelo? El francés estaba seguro de poder acabar con la controversia alrededor de la peste negra, demostrar que la bacteria era la causante de la plaga, pero, como a Yersin, tampoco le creyeron.

Pero otro equipo había empezado a trabajar con muestras de la fosa de East Smithfield. Estaban usando las técnicas que habían permitido, al sueco Svante Pääbo, recuperar ADN de un Neandertal. Conseguir lo mismo con una bacteria era más complicado si cabe. Su genoma es 1.000 veces más pequeño que el de un humano, dificultando su obtención. Pero, tras años de intentos, en 2011 lograron publicar el hallazgo de ADN de Yersinia pestis en individuos de la fosa. El trabajo fue como buscar una aguja en un pajar, consiguiendo al final rescatar fragmentos de menos de 60 pares de bases de la bacteria, Trozos pequeños pero suficientes para que al fin, ante la evidencia de las pruebas, la comunidad científica aceptaba a la bacteria como agente de la peste.

Ese mismo año, el mismo equipo, publicaba la secuencia de gran parte de las bacterias de Yersinia pestis encontradas en los restos de la fosa. Al comparar su ADN con el de las bacterias actuales, llegaron a la conclusión de que todas las formas patógenas de la bacteria actuales tienen su origen en aquella variedad medieval. Todas las variedades que hoy son causa de enfermedad compartieron un antepasado común entre 668 y 729 años atrás: la época de la gran Peste Negra.

Rastreando los orígenes y la primera plaga de Yersinia pestis

Pero una vez más, nuevas pruebas ponen en entredicho sus resultados. En los últimos años las técnicas genéticas han permitido recuperar y secuenciar nuevas muestras de la bacteria de la peste. Se han descubierto nuevas variedades que van más atrás en el tiempo. Su historia patológica no empezó en el siglo XIV. En 2016, la genética estableció la conexión entre la peste negra y la plaga de Justiniano desatada entre los años 541 y 543 en el Imperio Bizantino. La Peste Negra no fue la primera pandemia, sino la segunda según estos estudios. 

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Fig. 2. El origen de la patogeneidad de Yersinia pestis, sugerido por el último estudio publicado en Cell, en el Este de Europa (1) durante el Neolítico. De allí pudo viajar hasta las estepas del este asiático y volver siglos más tarde, así como afectar a las poblaciones humanas del noroeste.  

Otras van más allá, situando la aparición de la peste a la Edad del Bronce, hace entre 5.000 y 3.000 años. Las primeras cepas identificadas en restos de esas épocas parecían no tener las adaptaciones para poder transmitirse a través de las pulgas. Se pensó en un primer momento que su efecto patológico podía haber sido poco importante, hasta que un nuevo estudio encontró líneas de más de 3.800 años con las adaptaciones necesarias. Sugieren que las variedades infecciosas se establecieron durante la Edad del Bronce. 

¿Fue Yersinia pestis la causa de la plaga de Atenas en el siglo V antes de Cristo? Algunos científicos creen que posiblemente fue así. Que la peste lleva milenios entre nosotros. Se tiene constancia de que la Edad del Bronce fue un periodo tumultuoso, con grandes movimientos de gente desde la estepa asiática hasta la Ucrania. ¿Estuvo la peste implicada en el éxodo masivo? 

Esta semana se ha publicado que una mujer de 20 años enterrada en  Frälsergårbe, Suecia, hace 5.000 años estaba infectada por la bacteria. Los autores sugieren que la primera plaga no fue ni la medieval, ni la Justiniana, ni en la Edad del Bronce, sino al Neolítico. La mujer pertenecía a la cultura de los vasos de embudo, antes de que esta fuese sustituida por la cultura yamna originaria de la zona del río Volga. Eso implica que la peste estaba presente en Europa antes de que los pueblos de la estepa llegasen al continente. 

Los autores del estudio sugieren que el origen de la plaga podría haber estado en el este europeo (Fig. 2), en las regiones de Moldavia, Rumania y Ucrania. Allí hay restos abundantes de una cultura, que aún no construyendo ciudades, vivía en grandes grupos y almacenaba grano. Esos almacenes de grano podrían haber atraído a las ratas y ahí haber evolucionado el patógeno. Hace 5.4000 años todas esas culturas colapsaron, quemaron sus edificios y abandonaron la zona desapareciendo en la historia. ¿Fue la primera sociedad en colapsar por la peste? Especulativo pero intrigante. 

relaciones peste
Fig. 3. Reconstrucción de la relación genética en las diferentes cepas históricas analizadas. En negro, la más antigua, la descubierta en el yacimiento sueco, que es distinta a las que más tarde darían lugar a las detectadas durante la Edad de Bronce en la estepa, el este y centro de Europa. También estas son diferentes de las que ocasionaron la plaga de Justiniano o más tarde los brotes de Peste Negra y sus variedades actuales.

La nueva cepa descrita, y más antigua, es diferente a las encontradas durante la Edad del Bronce y de las cepas modernas, dentro de las cuales se encuentra la que ocasionó la Peste Negra medieval (Fig. 3). Queda todavía mucho por aprender sobre la evolución de la bacteria, las propiedades que la han hecho excepcionalmente patógena a lo largo de la historia. Responder a algunas de estas cuestiones permitiría buscar soluciones a una enfermedad que sigue conviviendo con nosotros. Hoy afecta a caso 3.000 personas en países como Estados Unidos, Madagascar, China o India. 

Este mismo año, otro equipo ha sugerido que las ratas no fueron el origen de la peste. Desde el estudio de Yersin en Asia, se asumió que las bacterias habían pasado de las ratas a los humanos a través de las pulgas. En realidad ninguna crónica de la Edad Media, que hay muchas, menciona calles llenas de ratas muertas. Tampoco hay restos arqueológicos de ratas muertas. Basándose en modelos de epidemias, han concluido que una propagación tan rápida de la epidemia tuvo que deberse a pulgas y otros ectoparásitos humanos. Liberan así a las ratas de su vinculación con una de las plagas más mortíferas de la historia.

Como era de esperar, no todos los autores aceptaron el resultado de los modelos. Los modelos matemáticos son herramientas útiles para comprobar hipótesis y escenarios alternativos, pero son también muy sensibles a las variables introducidas. Varios autores escribieron una réplica argumentando que el modelo apenas se sustentaba por errores en las condiciones del modelo. De momento, las ratas siguen siendo el origen y reservorio de Yersinia pestis.

 


Lecturas complementarias:

Bibel DJ, Chen TH. 1976. Diagnosis of plaque: an analysis of the Yersin-Kitasato controversy. Bacteriology Reviews 40: 633–651

Bos KI, Schuenemann VJ, Golding GB, […] Poinar HN. 2011. A draft genome of Yersinia pestis from victims of the Black Death. Nature 478: 506–510

Dean KR, Krauer F, WallOe L, et al. 2018. Human ectoparasites and the spread of plague in Europe during the Second Pandemic. PNAS 115: 1304–1309

Feldman M, Harbeck M, Keller M, et al. 2016. A High-Coverage Yersinia pestis Genome from a Sixth-Century Justinianic Plague Victim. Molecular Biology and Evolution 33: 2911–2923

Namouchi A, Guellil M, Kersten O, […] Bramanti B. 2018. Integrative approach using Yersinia pestis genomes to revisit the historical landscape of plague during the Medieval Period. PNAS 10.1073/pnas.1812865115

Park SW, Dushoff J, Eam DJD, et al. 2018. Human ectoparasites of the plague during the Second Pandemic is only weakly supposed by proposed mathematical models. PNAS 115: E7892–E7893

Raoult D, Abourdharam G, Crubézy E, Larrouy G, Ludes B, Drancourt M. 2000. Molecular identification by “suicide PCR” of Yersinia pestis as the agent of Medieval Black Death. PNAS 97: 12800–12803

Rascovan N, Sjögren KG, Kristiansen K, et al. 2019. Emergence and Spread of Basal Lineages of Yersinia pestis during the Neolithic Decline. Cell 176: 1–11 j.cell.2018.11.005

Schuenemann VJ, Bos K, DeWitte S, […]Poinar HN. 2011. Targeted enrichment of ancient pathogens yielding the pPCP1 plasmid of Yersinia pestis from victims of the Black Death. PNAS 108: E746–E752

Spyrou MA, Tukhbatova RI, Wang CC, […] Krause J. 2018. Analysis of 3800-year-old Yersinia pestis genomes suggests Bronze Age origin for bubonic plague. Nature Communications 9: 2234

Zietz BP, Dunkelberg H. 2004. The history of the plague and the research of the causative agent Yersinia pestis. International Journal of Hygiene and Environmental Health 207: 165–178

 

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