Darwin, la selección sexual y el origen de la música

A lo largo de la historia la ciencia se ha interesado y ha estudiado numerosas propiedades relacionadas con la música. Grandes científicos, desde Pitágoras teorizando sobre la acústica, hasta Descartes, Huygens, Newton, Euler, Bernoulli o Fourier, han aportado grandes conocimientos a las propiedades físicas y matemáticas intrínsecas en la música. Sin embargo, la música es un componente biológico, y dicha ciencia puede aportar tanto al conocimiento de la música como las otras ciencias. Charles Darwin, en sus publicaciones de 1871 (El origen del hombre, y la selección en relación al sexo) y 1872 (La expresión de las emociones en el hombre y los animales) atribuyó un componente evolutivo a la música, considerándola como un elemento más de la selección sexual. El canto, las melodías se comparaban con los rasgos atractivos o las complejas danzas rituales que ejecutan numerosos animales para encontrar una pareja.

A pesar de su mención por parte de Darwin, durante más de un siglo se creyó que la biología, y la evolución concretamente, tenían poco que decir sobre la música. Esta situación ha empezado a cambiar recientemente, en el que nuevos estudios están haciendo interesantes aportaciones a la musicología desde el punto de vista evolucionista. La idea que persiste detrás de todos estos trabajos es considerar que los humanos tenemos una predisposición biológica innata para producir música. 

Las cuestiones de partida son: ¿por qué la música es un fenómeno universal compartido por todas las culturas? ¿Por qué todos los grupos humanos han desarrollado música? ¿Es por qué la música tiene alguna función adaptativa?

Durante años, la selección sexual a través de la música en humanos se estudió únicamente desde un punto de vista prácticamente teórico, pero en los últimos años se ha empezado a hacer de una manera empírica para comprobar dichas hipótesis.

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¿Llevamos la música en nuestros genes?

Recientemente se han detectado genes asociados con las aptitudes musicales de los individuos. Son genes relacionados con la creatividad, la percepción y la producción, factores todos ellos que afectan las aptitudes musicales. La existencia de dichos genes es un requisito necesario para demostrar su componente evolutivo. Para que la selección natural o sexual pueda actuar sobre un carácter como las aptitudes musicales, debe tener un considerable componente genético que pueda ser seleccionado, y transmitirse de una generación a otra. Sin genes no hay evolución biológica posible.

Algunos de los genes vinculados con las capacidades musicales son genes que regulan el desarrollo del vello de la cóclea y el collinculus inferior (Fig. 1), ambos importantes a la hora de identificar los tonos de los sonidos. 

Investigadores del Instituto Karolisnka de Suecia acaban de demostrar este año, en un estudio con 10.000 parejas de gemelos, que las preferencias por un instrumento, o los estilos musicales a la hora de tocar, son altamente heredables. Su estudio concluye que la carga genética de las personas influye de una manera parcial, pero importante, en la elección del instrumento que tocan y el estilo musical (entiéndase una predisposición por una serie de ritmos, melodías, estructuras, etc… que caracterizan a los diferentes géneros musicales: clásica, jazz, folclórica, moderna). Parece ser que la genética tiene algo que ver con las aptitudes musicales y la predisposición para ejecutar la música de una manera u otra.

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Fig. 1. Esquema que ilustra los diferentes genes asociados a aptitudes musicales (listado representado a la izquierda: PCDH15, PCDH7, etc.) y su función como genes que regulan el desarrollo de diferentes estructuras relacionadas con el sistema auditivo. Se han encontrado desde genes que regulan el desarrollo del vello del interior de la cóclea del oído interno, hasta otros asociados con el collinculus inferior en la ruta de la señal auditiva hacia el cerebro, así como un gen vinculado al córtex auditivo. Figura original de Oikkonen J, Huang Y, Onkamo O, Ukkola-Vuoti et al. 2014. Molecular Psychiatry 20: 275–282 

Otro requerimiento basado en los estudios de selección sexual de otras especies, implica que para que dicho comportamiento sea seleccionado, debe ser lo que los etólogos denominan, una señal honesta. Es decir, que la habilidad musical está relacionada con otras propiedades reproductoras o de interés para quien selecciona en base a eso. Eso quiere decir que las aptitudes musicales de una persona deberían estar relacionadas con una mejor dotación genética que afectase otras aptitudes que garantizasen un mayor éxito evolutivo. Estas podrían ser por ejemplo, en el caso de los humanos, una mayor inteligencia, y es precisamente esta relación entre musicalidad e inteligencia, la que encontraron unos neurocientíficos suecos. Su trabajo parece demostrar que las aptitudes musicales se heredan y que van parcialmente relacionadas con la inteligencia de los individuos.

Su siguiente paso fue comprobar si unas mejores aptitudes musicales, y su aparentemente mejor calidad genética, se traducían también en una mayor éxito reproductivo. Para ello buscaron relaciones entre las aptitudes musicales de los individuos estudiados con diferentes parámetros: primer encuentro sexual, número de parejas, números de hijos, etc… Sorprendentemente encontraron resultados dispares entre los dos sexos, para los hombres la relación era positiva: aquellos con mejores aptitudes musicales tenían más hijos, mientras que en el caso de las mujeres los resultados fueron completamente al revés: las que tenían mejores aptitudes musicales tenían menos hijos. También fueron al revés las relaciones entre mejores aptitudes musicales y primeras relaciones sexuales. Los propios investigadores son conscientes de que los experimentos se llevaron a cabo sobre individuos occidentales modernos, con una enorme carga cultural que obviamente puede haber desvirtuado los resultados, anteponiéndose la evolución cultural a la biológica. Aún así, el encontrar que existe una relación entre música, inteligencia y, en el caso de los machos, mayor éxito reproductivo, abre las puertas a considerar la evolución de la música como un atributo moldeado por la selección sexual.

La existencia de estas evidencias, una genética y un mayor éxito de los individuos más musicales, son las primeras en sugerir un rol de la selección sexual en los orígenes de la música, sugiriendo que la evolución ha moldeado la música. Es el mismo concepto que en los caracteres morfológicos de muchas otras especies que tienen un marcado efecto sexual. Pensemos por ejemplo en los plumajes vivos y exagerados de algunas aves, los estudios parecen indicar que su evolución se ha dado por la necesidad de llamar la atención del otro sexo, aun cuando dicho plumaje no facilite el vuelo o el camuflaje ante depredadores, en ocasiones más bien lo afecta. Desde este punto de vista, la estética del animal se habría visto modificada por la selección sexual. Algunos investigadores sugieren, por tanto, que al igual que el plumaje de los pájaros, la música evolucionó por selección sexual.

¿Resultan más atractivas las personas con mayores habilidades musicales? 

Otro requisito para la demostrar la evolución de la música como un atributo biológico y no puramente cultural, sería comprobar que las personas de los diferentes sexos se ven seducidos o atraídos por la música. Un trabajo publicado este mismo año, ha detectado a través de un experimento, que las mujeres se ven más atraídos por hombres con mayores habilidades musicalidades especialmente cuando buscan una relación a largo plazo. A la hora de estimar el atractivo de un hombre, su capacidad para ejecutar piezas musicales complicadas se consideró como un factor importante. En el caso de los hombres la relación también se cumple, pero no de manera tan evidente como en el caso de las mujeres. Al parecer no son tan exigentes a la hora de evaluar la capacidad musical de sus parejas. Fueron las mujeres, a la hora de evaluar a posibles parejas, las que otorgaban mayor importancia a las aptitudes musicales de los candidatos que se les presentaban en el experimento.

Estos resultados son una pieza más, donde la música no sólo tiene un componente genético, está vinculado a otras propiedades y parecen tener mayor éxito reproductivo, sino que además los individuos parecen seleccionar a aquellos que poseen mayor habilidad musical, sugiriendo que sus orígenes la música estuvo moldeada parcialmente por la selección sexual.

Aún así, hay que considerar que todos estos trabajos han sido elaborados en sociedades occidentales modernas, en las que la cultura y la tecnología han distorsionado el sistema reproductivo, pudiendo enmascarar o dificultar el encontrar una relación directa entre la música y el éxito reproductivo. La libertad sexual y los contraceptivos sin duda alguna han liberado a las personas de la determinación reproductiva biológica, pudiendo haber relajado la selección en este aspecto. Por otro lado, las diferencias entre sexos en los humanos no son ni mucho menos meramente biológicas, el dimorfismo sexual en el comportamiento, tiene un enorme componente cultural que puede sin duda afectar a la percepción de la música por los diferentes sexos en diferentes culturas. Finalmente, la música no tiene porque haber evolucionado solamente por acción de la selección sexual. Otros investigadores sugieren que la música pudo evolucionar como un medio para facilitar la cohesión de los grupos humanos, ayudarles a llevar a cabo trabajos de manera coordinada, etc… Es decir, que más allá de la selección sexual, otros agentes selectivos pueden haber ido moldeando la música a lo largo de su historia. 

Los sesgos sensoriales y la evolución de la belleza

Alternativamente, la evolución de la música también puede explicarse desde las teorías que suponen que existen sesgos sensoriales, por lo que la propia constitución de un órgano sensitivo, y sus propiedades fisiológicas, darían lugar a las preferencias e inclinaciones por una serie de características. Por ejemplo, se sugiere que en las aves, los plumajes coloridos no tienen función alguna, sino que habrían evolucionado simplemente de manera paralela a la evolución de la estructura del ojo y la visión de los pájaros. La preferencia por colores llamativos, es lo que se denomina una evolución de la estética que ya se trató en otra entrada. La preferencia de las hembras por unos colores espectaculares fue seleccionando y generando la enorme vistosidad y diversidad que se puede apreciar hoy en día en la fauna aviar. En el caso de los humanos, las preferencias individuales por el gusto de la comida, más allá de un componente cultural tiene uno fisiológico. El número de papilas gustativas de cada persona hace que sienta el sabor con mayor o menor intensidad. Eso explica que aquellas personas más sensibles no aprecien tanto la comida picante al sentir su picor con mayor intensidad, o que aprecien la comida sin necesidad de añadirle mucha sal, mientras que otros necesitamos unos puñados extras para intensificar los sabores.

Se sugiere que la música podría haber evolucionado de una manera similar. Por la vía de la estética, en la que las preferencias por una serie de ritmos, melodías y repeticiones, debido a las propiedades auditivas condujese la evolución de la música en sus primeros pasos.

Cabe mencionar en este sentido, estudios que demostrarían una preferencia universal por una serie de patrones musicales. Empecemos por un experimento llevado a cabo con pájaros. En este se partió de un individuo que había sido aislado y acabó generando un canto aberrante, que en nada se parecía al canto de la especie en la naturaleza. Dicho pájaro de canto extraño se impuso como tutor a otro pájaro criado en cautividad, que sólo aprendió en canto del mismo. Se repitió con una generación más, ofreciendo al anterior aprendiz, como tutor para un tercer pájaro (Fig. 2). El sorprendente resultado fue que a medida que el canto aberrante se transmitía de una generación a otra, cada vez se volvía más complejo, hasta llegar a sonar casi igual que el de los individuos salvajes, a pesar de nunca haber tenido conocimiento de ese canto. El trabajo sugiere que existe una melodía innata o una preferencia por una serie de motivos musicales que más allá de la transmisión cultural se mantienen en los individuos, sugiriendo que los sesgos sensoriales moldearían los cantos.

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Fig. 2. Ilustración de dos experimentos de la evolución musical y la transmisión cultural. En ambos casos, tanto en aves como en humanos, se ha visto, que aún partiendo de tutores o patrones musicales aberrantes, el ritmo y la melodía tiende hacia una serie de melodías naturales en el caso de los pájaros, o hacia ritmos universales compartidos por todas las culturas, sugiriendo que podría existir un sesgo sensorial biológico que dirigiese los tonos, ritmos y complejidad de las melodías.

¿Sucede lo mismo con los humanos? Pues un experimento similar se llevó a cabo con humanos para ver como evolucionaba un patrón musical. Se hizo escuchar un patrón rítmico a una persona para que intentase reproducirlo con unos elementos de percusión (Fig. 2). Como en el caso de los pájaros, el patrón llevado a cabo por el «alumno» fue el que se hizo escuchar a otra persona, y así sucesivamente. Cada nuevo patrón rítmico se transmitía a otra persona estudiando como era modificado de manera inconsciente a cada paso, mediante la supuesta introducción de errores. En diferentes pruebas, y partiendo de ritmos diferentes, los cambios incorporados por la gente llevaban todos ellos a reproducir ritmos comunes en casi todas las culturas. Al igual que en el caso de los pájaros, el trabajo sugiere que existirían una serie de preferencias rítmicas que explicaría la universalidad de una serie de ritmos. Estas preferencias innatas explicarían los sesgos que involuntariamente introducían las personas al intentar copiar un ritmo, sin ser conscientes de ello, lo modificaban ligeramente para que se asemejase más a los patrones por los que parecen tener preferencia.

La complejidad de las conductas animales, y más las humanas con una gran incidencia de la cultura, hace que el estudio de su evolución sea extremadamente complicada, y que requiera ir seccionando poco a poco diferentes aspectos para ir respondiendo a las diferentes hipótesis. Lo que es cierto, es que la biología evolutiva, casi 150 años más tarde de que Darwin abordará el tema de la evolución musical en humanos, ha empezado a cuestionar su evolución desde una perspectiva experimental. Ya existen en este sentido una serie de estudios que aportan nuevos aspectos al conocimiento de la música, y seguramente aparecerán otros en un futuro próximo que nos aporten algo más de conocimiento sobre el origen y la evolución de un fenómeno tan universal como la música. Un arte, que más allá de como haya sido su evolución es hoy en día uno de los grandes placeres de la vida. 

 


Lecturas complementarias:

 

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