Abejas adictas: enganchadas a los insecticidas

Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B demuestra que los abejorros adquieren una preferencia por las plantas tratadas con pesticidas comparable a la adicción de los fumadores a la nicotina.

Los pesticidas son unos elementos importantes de la agricultura moderna que ayudan a mantener una buena producción en los campos. Su función es la de mantener controlada cualquier tipo de plaga, bien sea de hongos, insectos o plantas, y a lo largo de todas las fases de producción: almacenamiento, transporte e incluso elaboración de los alimentos. Sus sustancias químicas no tienen porque ser tóxicas para nosotros u otros animales, pero no siempre es así. Los insecticidas, en particular, se ha visto que pueden tener efectos sobre otras especies y no sólo sobre las plagas a controlar. Lo que hoy en día en política denominan cínicamente «daños colaterales». No sólo afecta a otros organismo que no constituyen plagas, sino que, en el peor de los casos, desde el punto de vista de la agricultura, afecta a especies que resultan beneficiosas para los cultivos. Este es el caso de los insectos polinizadores y concretamente las abejas.

Las abejas, constituyen más de 20.000 especies en el mundo, y son uno de los polinizadores más importantes junto con las moscas, avispas, polillas, escarabajos, mariposas y murciélagos. No es extraño que científicamente, al conjunto de abejas, se le conozcan como los antófilos, palabra que deriva del griego anthopila que significa «que aman las flores». La mortalidad observada en muchas de sus poblaciones en las últimas décadas ha despertado la alarma mundial dado su importante rol ecológico y productivo. La desaparición de las abejas no sólo tendría unas enormes consecuencias ecológicas, sino también económicas, esto último es lo que, sin duda, ha movilizado más a diferentes sectores de la sociedad, visibilizando el problema y al mismo tiempo consiguiendo que las administraciones hayan mostrado sensibilidad para mirar de encontrar soluciones.

Uno de los grupo de insecticidas que se ha visto que afecta directamente a las abejas es el de los neonicotinoides. Son un tipo de insecticidas muy populares, tanto que son los insecticidas más usado a nivel mundial (Fig 1). Los neonicotinoides son sustancias químicas derivadas de la nicotina y, que al igual que ésta, actúan sobre el sistema nervioso central de los insectos. Sus efectos pueden causar la parálisis del individuo y su consecuente muerte. Su especificidad bloqueando rutas neuronales propias de los insectos, ha hecho que sean de los más usados a nivel mundial. Suele aplicarse directamente en el suelo, sobre las semillas o en tratamientos foliares en el caso de los cereales, las leguminosas, el césped de jardines o los campos de patatas.

170026fig1
Fig. 1. Aumento de partículas de neonicotinoides en los diferentes cultivos a nivel mundial. Los aumentos más significativos en los últimos años se han dado en los campos de maíz, soja, algodón, así como en huertos y arboles frutales.

Muchos de los defensores de los pesticidas han argumentado que las especies polinizadoras pueden aprender a distinguir las plantas tratadas de las no tratadas, y que ese proceso de aprendizaje llevaría, con el tiempo, a que las abejas no se viesen perjudicadas por su aplicación. Con el objetivo de comprobar esta hipótesis un grupo de investigadores llevó a cabo un estudio, en el cual ofrecían a unos abejorros plantas con diferentes niveles de pesticidas. Las concentraciones de insecticida simulaban los niveles que se encuentran en los campos tratados, la idea era evaluar si los abejorros eran capaces o no de discriminar las flores con mayor proporción de pesticidas. El resultado obtenido fue asombroso.

Los abejorros al principio no mostraron preferencia por ninguna de las diferentes dosis que les daban a seleccionar, eso demostraba que no eran capaces de discriminar las flores más contaminadas con pesticida. Pero lo más sorprende pasaba después, tras varios intentos, vieron que los mismos individuos si presentaban una tendencia clara. Pero para sorpresa de los investigadores, los abejorros no evitaban el pesticida tras varias experiencias, sino todo lo contrario. Tras las primeras experiencias los individuos mostraban una preferencia clara por aquellas plantas con mayor cantidad de pesticida. Los abejorros se habían vuelto adictos. Tras unas pequeñas dosis volvían a por nuevas dosis de neonicotinoides, pero en mayores concentraciones. Cada vez necesitaban dosis mayores, mostrando los síntomas propios de una verdadera adicción. Como además la búsqueda de alimentos en las colonias es una tarea social en la que las trabajadoras influyen unas sobre las otras, es de esperar que en condiciones naturales, una gran parte de la colonia se viese dirigida hacia los campos contaminados, guiadas por los individuos adictos que necesitan ir a buscar su dosis.

Ello demuestra la preferencia de los abejorros por el tiametoxam (el neonicotinoide empleado en el estudio) a largo plazo, resultados que contradicen la hipótesis que planteaba que las abejas son capaces de aprender y por tanto evitar los pesticidas. Todo lo contrario, los campos tratados con neonicotinoides resultan más atractivos que los no tratados. Eso tiene una doble lectura algo irónica, por un lado el tratamiento con los pesticidas atraería a las abejas, haciendo que su polinización fuese más efectiva, pero al mismo tiempo expondría a la colonia a mayores niveles de insecticida con todas las consecuencias negativas que ello tiene. Altas dosis de los neonicotinoides afectan a las funciones motoras de los individuos, a la capacidad de aprendizaje, a la orientación y la capacidad de volar, conduciendo a largo plazo al colapso de los individuos y con el tiempo de la colonia (Fig 2).

Blog Ciencia.001
Fig. 2. Esquema donde se representa la transferencia de los neonicotinoides aplicados en las semillas a la planta desde el suelo, y su transferencia de las flores a las abejas al recoger polen y néctar. El insecticida es transportado a la colmena. Al afectar al sistema nervioso, los neonicotinoides generan vuelos erráticos y desorientación en los animales afectados. Por último los insecticidas son transferidos a la miel y de ahí al consumo humano.

La asociación de los neonicotinoides con la reducción de las colonias de abejas ya puso en el punto de mira a estos productos hace un par de décadas. En Francia se prohibió en los años noventa su uso, por relacionarse con el fenómeno conocido como «desorden del colapso de colonias apícolas», que implica toda una serie de desórdenes conductuales de las abejas trabajadoras que acaban llevando al colapso de la colonia. En 2008 se unió Alemania al veto en el tratamiento de las semillas con neonicotinoides. Algo más tarde, en el 2013, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó un estudio demostrando la causalidad entre el uso de pesticidas y el colapso de las abejas. Y en la primavera de este mismo año, en 2018, la Unión Europea aprobó la prohibición general de tres productos de estos pesticidas por un periodo. Este nuevo estudio publicado en agosto de 2018 viene a alertar, que más allá de los peligros de su toxicidad sobre los individuos, el producto resulta peligrosamente atractivo para los polinizadores por su nivel de adicción. Su componente químico, como mucho otros alcaloides como el café o la propia nicotina, resultan ser mortalmente adictivos para las abejas. 

A pesar de su reciente prohibición en Europa, los neonicotinoides siguen siendo los insecticidas más usados a nivel mundial. Se siguen explorando nuevas moléculas y patentándose por las grandes compañías fitosanitarias. La empresa Bayer fue la primera en comercializar un neonicotinoide, el imidacloprido vendido bajo el nombre de Gaucho, el cual junto con el tiametoxam producido por Syngenta, siguen siendo los productos estrella. A ello se ha unido China, país que ha apostado fuertemente por el desarrollo de nuevas fórmulas y lleva años investigando en ello, motivada por un mercado que, de momento, tienen enormes beneficios económicos. 

A pesar de las advertencias de los científicos, el mercado sigue siendo tan grande y sus beneficios tan enormes, que las compañías siguen invirtiendo dinero en su desarrollo. Poco importa que sus consecuencias a largo plazo puedes ser desastrosas para las 20.000 especies de abejas. Su potencial económico es tal que aunque un estudio de 2017 demostraba que el 75% de las abejas mundiales estaban contaminadas con neonicotinoides, la industria parece gozar de una gran salud e incrementando su venta, y con ello las aplicaciones en el campo. Sus moléculas han aparecido en casi todas las mieles examinadas a nivel mundial, confirmando que las abejas, visitan y están expuestas, a esta familia de insecticidas. Este mismo verano, la revista Science publicaba la carta firmada por 233 investigadores, liderada por Dave Goulson en las que se hacía un llamamiento a una restricción mundial de los neonicotinoides. Veremos en el futuro si el mensaje hace eco entre las administraciones que pueden regular su uso. Su aplicación de manera continuada, no sólo está afectando a la biodiversidad, sino también a muchas especies beneficiosas para la agricultura y el uso humano. Al afectar a las abejas, se está afectando a especies que aportan enormes servicios ecológicos y enormes beneficios económicos a los humanos. Dado que la biodiversidad per se parece no importar excesivamente a las administraciones, apelar a sus contribuciones y poner precio a la biodiversidad, parece ser la única manera de despertar mayor interés en la sociedad y sus administraciones.

Abejas.jpeg
Fig. 3. Beneficios de las abejas sobre los cultivos y su producción de miel. 

Se le atribuye erróneamente a Einstein el siguiente dicho: Si las abejas desaparecen de la faz de tierra, al hombre sólo le quedarían cuatro años para vivir sobre ella. Más allá de quien dijo la frase, la realidad es que dos tercios de los alimentos que consumimos, dependen directa o indirectamente de la polinización de los insectos (Fig. 3). Su valor en el mercado se estimó en 2015, de entre 235.000.000.000 o 577.000.000.000 dólares anuales. Su contribución económica ha hecho que las noticias sobre su declive apareciesen en los grandes medios de comunicación (Fig 4) y, poco a poco, las administraciones empiezan a tomar medidas para reducir su mortalidad. Las abejas lamentablemente no son los únicos insectos que están viendo reducidas sus poblaciones. Un estudio reciente alertó sobre la desaparición del 75% de los insectos voladores en Alemania. Menos llamativas que las extinciones de mamíferos o pájaros, las evidencias sobre el declive de poblaciones de insectos se van acumulando, y hay quien ya habla, de la posibilidad de un verdadero armagedón ecológico ante un hipotético colapso de los insectos.

1101130819_600
Fig. 4. Portada de la revista Time del 19 de agosto de 2013.

 


Lecturas complementarias:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s